Obituario

OBITUARIO: J. R. KANTOR (1888-1984)

Emilio Ribes
Universidad Nacional Autónoma de México-Iztacala


El pasado día 2 de febrero de l984 fallecíó Jacob Robert Kantor en Chicago (Ill.). Nacido en Harrisburg (Penn.) el 8 de agosto de 1888, vivió en Chicago, en el mismo barrio en que se encuentra el campus de la Universidad, tiempo después de su retiro de la Universidad de Indiana en 1959.

Para aquellos que tuvimos la fortuna de conocerle personal e intelectualmente, su deceso constituye una gran pérdida para la psicología científica. Partiendo de la premisa de que el avance científico se logra mediante la formulación de problemas conceptuales adecuados, se podría afirmar que J.R. Kantor fue el psicólogo más importante de este siglo. Lamentablemente, en una disciplina preocupada casi religiosamente por los datos y la cuantificación, su obra no tuvo la influencia debida y merecida.

Existen índices, sin embargo, de que la ideología "científica" de nuestra disciplina está cambiando y de que se comienzan a reconsiderar las aportaciones de J.R. Kantor como una alternativa necesaria para ubicar los datos como fuente y solución de problemas legítimos. Es síntoma del reconocimiento de que el avance en ciencia no solo requiere de buenas observaciones, sino de categorías adecuadas para plantear los problemas a los que son pertinentes.


J.R. Kantor: su vida académica

En 1913, pocos años después de J.B. Watson, inició sus estudios de doctorado en Psicología y Filosofía también en la Universidad de Chicago, en la época en que J. Dewey y J.R. Angelí conducían el departamento correspondiente. En 1917 concluyó el doctorado con una tésis titulada "Naturaleza Funcional de las Categorías Filosóficas" (Functional Nature of Philosophical Categories).

En el interim de sus estudios doctorales, impartió clases por dos años (1915-16) en la Universidad de Minnesota, en donde comenzó a precisar sus ideas sobre una psicología organísmica, posteriormente nombrada interconductual. Sus primeras publicaciones (1918-1919), en las que ya asoman sus posiciones conceptuales originales, tratan del problema de la conciencia, la personalidad y la anormalidad. Ya se vislumbraba lo que sería su rasgo distintivo respecto de otros psicólogos conductistas surgidos en el movimiento objetivista de la segunda década del siglo: su interés fundamental por el comportamiento humano. Consideró que un análisis centrado en la conducta animal, llevaría inevitablemente a posiciones dualistas y/o reduccionistas, previsión que la historia ha demostrado fue justa.

En 1920, J.R. Kantor se trasladó de la Universidad de Chicago a la Universidad de Indiana (Bloomington). Allí no solo escribió una parte substancial de su obra, sino que fue el impulsor de uno de los departamentos de psicología más avanzados de la época. En los años 1924-27 publicó su primer tratado sistemático, "Principios de Psicología" (Principies of Psychology), siguiendo como él mismo lo señala, las huellas de Herbert Spencer y William James, pero tratando todos los aspectos del comportamiento complejo sin hacer concesiones de tipo biologicista o mentalista. En 1931 ayudó a fundar Principia Press, y comenzó a publicar sus escritós orgánicos sobre las diversas áreas temáticas de la Psicología: "Un Esbozo de Psicología Social" (Outline of Social Psychology) en 1929, "Psicología Objetiva de la Gramática" (An Objective Psychology of Grammar) en 1936, y "Problemas de la Psicología Fisiológica" (Problems in Physiological Psychology) en 1947, con una introducción simplificada de sus Principies "Una Revisión de la Ciencia Psicológica" (A Survey of the Science of Psychology) en 1933.

En 1937 fundó The Psychological Record, que en aquel momento representó un acontecimiento equivalente a la aparición del Journal of the Experimental Analysis of Behavior en 1958. B.F. Skinner fungió como Editor Asociado de la nueva revista, y en 1945, por invitación también de J.R. Kantor, se trasladó a Bloomington como jefe del Departamento de Psicología en donde permaneció hasta 1947. Aún cuando algunos de los que fueron estudiantes en aquel momento (Fuller, 1973) consideran que la presencia conjunta de Kantor y Skinner -"la gran alianza de los 40's"- fue de gran impacto para ellos, tanto Kantor (comunicación personal) como Skinner (1979) coinciden en que nunca colaboraron directamente, o siquiera discutieron sistemáticamente sus puntos de vista.

Hay varias razones para ello. Por una parte, Skinner siempre pensó que sus diferencias eran mínimas y por ello nunca profundizó en los escritos de Kantor, a la. vez que consideró que la investigación empírica basada en el condicionamiento operante era una ruta mas segura de certidumbre científica. Por otra parte, Kantor, aunque apreciando el notable talento experimental de Skinner y compartiendo su postura antimentalista, consideraba limitante y reduccionista la teoría del condicionamiento, a la que tildaba de "Reflexología". Este juicio de Kantor se fundamentaba en las raíces históricas de su paradigma mecanicista implícito, y en la incapacidad de los conceptos provenientes de la biología para dar cuenta de la naturaleza cultural del comportamiento humano (Ribes, en prensa; Schoenfeld, 1983). Otros famosos psicólogos que estuvieron algun tiempo en Indiana con Kantor fueron W.N. Kellog, W. Verplanck, W.N. Schoenfeld, H. Hurwitz, W. Estes y S.W. Bijou.

En 1958 Kantor publicó su "Psicología Interconductual" (Interbehavioral Psychology) que constituye un planteamiento sistemático acerca del objeto de estudio de la psicología, sus supuestos, las categorías requeridas para abordarla, la construcción de la teoría, y sus relaciones con otras disciplinas. Esta obra, era la concreción al interior de la psicología como una muestra de construcción científica, de lo que anteriormente había expuesto críticamente en sus libros sobre "Psicología y Lógica" (Psychology and Logíc) en 1945-50, y "La Lógica de la Ciencia Moderna" (The Logic of Modern Science) en 1953.

Sus últimos años en el retiro, debido en gran parte a la imposibilidad de una vida social intensa por la sordera que padecía, se caracterizan por una prolífica actividad intelectual. Aparte de numerosos artículos y resenciones bibliográficas, escribió las siguientes obras: "La Evolución Científica de la Psicología" (The Scientiflc Evolution of Psychology) en 1963-1969; "El Objeto y Progreso de la Psicología y Otras Ciencias" (The Aim and Progress of Psychology and Other Sciences) en 1971; la actualización del Survey con N. Smith, "La Ciencia Psicológica: una Revisión Interconductual" (The Science of Psychology: an Interbehavioral Survey) en 1975; "Filosofía Interconductual" (Interbehavioral Philosophy) en 1981; la actualización del Outline, "Psicología Cultural" (Cultural Psychology) en 1982; "La Tragedia y el Continuo de Eventos" (Tragedy and Event Continuum) en 1983; y sus "Escritos Selectos en Filosofía, Psicología y Otras Ciencias" (Selected Writings in Philosophy, Psychology and Other Sciences) en 1984, unos días antes de fallecer.

En sus últimos años, Kantor impartió cursos y conferencias en varias instituciones, entre ellas la Universidad de Chicago, la Universidad de Nueva York, la Universidad de Maryland, la Universidad de Western Washington, la Universidad del Estado de Ohio y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Asimismo, desde 1969, bajo el seudónimo de The Observer, publicó en cada número del Psychological Record un breve artículo sobre tópicos teóricos de relevancia, aportación que hizo extensiva -sin seudónimo- a la Revista Mexicana de Análisis de la Conducta desde su fundación.

J.R. Kantor: la persona

Mi primer contacto involuntario con Kantor fue en Washington en agosto de 1967, cuando en el trayecto a Toronto a realizar mis estudios de postgrado, asistí al congreso de la Asociación Psicológica Americana (APA). Recuerdo haber presenciado la ceremonia en que la A.P.A. reconocía los méritos de varios académicos que cumplían sus bodas de oro en la disciplina. Allí estaba J.R. Kantor con Edna Heidbredder y Anne Anastasi, entre otros. Mgunas lectuias de artículos suyos en Toronto, así como su valoración subrayada por Bijou y Baer (1961, 1965) y Schoenfeld (1969) mantuvieron en mí la inquietud por conocerle con mayor profundidad.

La oportunidad tuvo lugar en ocasión del primer Congreso Mexicano del Análisis de la Conducta, que en colaboración con José Enrique Díaz Camacho organizamos en Xalapa en marzo de 1974. A través de Sidney Bijou invitamos a J.R. Kantor a ofrecer una de las conferencias magistrales del Congreso titulada "La Psicología Interconductual: ¿cómo se relaciona con el análisis experimental de la conducta?", y a fungir como Presidente Honorario del Congreso. El primer problema era como reconocerlo en el aeropuerto de la Ciudad de México para trasladarlo a Xalapa. No fue difícil. Bijou nos señaló que tenía el pelo y la barba blancos y que ademas de tener el porte típico de un académico europeo,. usaba, como aspecto distintivo, antiparras. Tan pronto apareció en la sala del aeropuerto lo identificamos. Kantor no sabía muy bien a donde había aceptado venir. Tenia la idea de que siendo México un país católico, la psicología científica tendría un desarrollo muy pobre, y por ello le inquietaba aún más que se le hubiera invitado a una reunión sobre Análisis de la Conducta. Desconocía que se le iba a rendir un homenaje (junto con Bijou), y grande fue su sorpresa cuando los mil asistentes al Congreso lo aplaudieron con afecto y recibió del Gobernador del Estado y de los Rectores de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Veracruzana y de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, una medalla de oro en reconocimiento. Al término del Congreso y habiéndose percatado de la gran asistencia y cantidad de trabajos presentados, me confesó cómo ello contradecía sus expectativas. Días más tarde, sin embargo, me comentó que por fin todo encajaba perfectamente: ¡en México había una psicología científica porque el país era una nación con historia revolucionaria!

A partir de esa fecha, y a pesar de su avanzada edad, vino a México a impartir cursos a la Universidad, tanto en la Facultad de Psicología como en la ENEP-Iztacala. Estos viajes se realizaron en 1975, 1976, 1977, 1978, 1980 y 1981. En muchas otras ocasiones Ely Rayek y yo le visitamos en Chicago. Eramos unos de los pocos que frecuentábamos a Kantor, quien en compañía de su hija Helen, arqueóloga distinguida, hacía una vida reservada y dedicada casi todo el tiempo al estudio y a escribir. Su edad y la sordera casi total que le aquejaba le dificultaban tener una vida social más plena y viajar con más frecuenci~ Gran admirador del arte y la arqueología, solía contar acerca de sus visitas a Africa, Europa o el Medio Oriente, y en México, aparte de sus continuas visitas al Museo Nacional de Antropología y a las de rigor a Teotihuacán y Teotenango, voló en compañía de dos jóvenes colegas, Carlos Aparicio y Jaime Vargas, a Yucatán y Oaxaca. Tal era su vigor físico e intelectual. Le impresionaban profundamente las culturas precortesíanas, especialmente su concepción urbanística del espacio arquitectónico y el arte. Insistió en visitar en enero de 1981 las excavaciones del Templo Mayor de la Ciudad de México, recorrido que disfrutó integramente.

Paradójicamente, debido al aislamiento en que vivía en Chicago, Kantor tuvo encuentros significativos para él en México. Aquí se reunió dos veces con S.W. Bijou y una vez con W.N. Schoenfeld a quienes respetaba grandemente. En Chicago, en 1982, lo llevé a visitar a otro científico por él apreciado, Israel Goldiamond, de quién era vecino (vivía en el mismo barrio) pero con el que no podía reunirse por su sordera (impedimento grave para reíacionarse con Goldiamond) y porque Goldiamond, por su lesión espinal después de un accidente, tampoco podía desplazarse con facilidad. La soledad en que se vio obligado a vivir sus últimos años, le dificultaba la posibilidad de relaciones sociales fluidas. No obstante, era, punto y aparte de su inquebrantable apego a los principios e intransigencia en las discusiones sobre psicología, un hombre lleno de afecto, ingenio y agudeza. Disfrutaba enorme-mente visitar nuestra casa en México y convivir con Silvia y los niños, quienes lo consideraban su "abuelo adoptivo". Siempre en sus cartas hacía mención a la atmósfera cultural de la casa y al bienestar de la familia.

Cuando le visitaba acostumbraba sostener con él largas conversaciones sobre psicología, le daba a leer mis artículos para conocer su opinión, la que no siempre era del todo favorable. Discutíamos un día sobre los eventos privados, cuando la conversación se hizo difícil por su defecto auditivo. Le fatigaba mucho concentrarse pará escuchar a pesar de que se le hablara con intensidad y en tono agudo por el oido que todavía no habia perdido completamente. Recuerdo su expresión de disgusto, por el cansancio y el tema de discusión, y. que levantándose me dijo que iba por sus audífonos. Subió por el elevador que conducía a su recamara-estudio y regresó a sentarse a la sala. Se colocó los audífonos y el amplificador (mas bien voluminoso) y entonces, riéndose socarronamente, se dirigió a mi y me dijo: "ten cuidado con lo que dices... que ahora si escucho".

Oirle hablar acerca de su vida era informarse de la historia de la psicología y de la cultura contemporánea. De entre los psicólogos, Luria era uno de los personajes que más le había impresionado, y en una ocasión en que le acompañé a contemplar nuevamente la fuente monumental del Museo Nacional de Antropología, le pregunté si había conocido a George Politzer, el comunista francés que había escrito sobre la Psicología Concreta antes de los 40's y que había sido una de mis lecturas de juventud. Le sorprendió que alguien le hablara de Politzer, y me sorprendió que no solo le hubiera conocido, sino que había escnto un artículo sobre la Psicología Organísmica para el primer número de la Revue de Psychologie Concrete que fundó Politzer en 1929. La siguiente vez que le visité en Chicago, me regaló el ejemplar que guardaba de la revista. En la introducción que hace Politzer del artículo, dice: "Atribuyendo la dificultad fundamental del conductismo de Watson a la interpretación estrechamente fisiológica que se da de la 'conducta', otros psicólogos anglosajones se han abocado a interpretar el par 'estímulo-respuesta' detal manera que la supresión de la vida interior no prive a la psicología de la experiencia humana". Politzer mismo vislumbraba la diferencia del planteamiento Kantoriano respecto al del Conductismo Histórico.

En una de mis visitas a Chicago, le interrogué respecto a Fred Keller. Me contestó que lo estimaba mucho como persona, pero que su cercanía a Skinner lo había limitado en su ubicación conceptual en la psicología. Me mostró una carta que le había enviado Keller en 1949, cuando se éncontraba escribiendo con Schoenfeld los Principles of Psychology. En ella le decía que a medida que avanzaba en la redacción del libro, las propuestas de Kantor se tornaban más y más iluminadoras de cómo tratar algunos problemas, especialmente los del lenguaje. Se despedía informándole que pronto le iría a visitar para comentar algunos aspectos personalmente. Kantor me vió y dijo... "nunca llegó". Al día siguiente tuve la oportunidad de encontrarme con Fred Keller en el congreso al que asistíamos, y le pregunté en el desarrollo de la conversación si recordaba una carta que le había escrito a Kantor, Keller me miró con sorpresa, y con su característica expresión bondadosa me contestó afirmativamente. Me habló acerca del contenido de la carta y de su promesa de visitar a Kantor y agregó: "todavía espero cumplirla".

J.R. Kantor: su contribución.

Schoenfeld (1969), Smith (1973, 1976), Mountjoy (1976) y Morris, Higgins y Bickel (1982) han señalado aspectos importantes que definen las aportaciones de J.R. Kantor a la psicología en general y al análisis experimental de la conducta en particular. Aun cuando Skinner en La Conducta de los Organismos (1938) señala en dos pies de página su deuda con Kantor en relación a los peligros inherentes del uso del concepto de pulsión y a la necesidad de considerar al estímulo y a la respuesta como componentes inseparables de una interacción, no es hasta el volumen tercero de su autobiografía (1979) en que menciona nuevamente que el planteamiento propuesto por Kantor en su Psicologia Objetiva de la Gramática le pareció en su momento que "estaba en buen camino" (p. 45). Esto refleja un hecho poco comprensible quizá, pero inobjetable: la poca influencia explícita que tuvo Kantor en el desarrollo de la psicología enmarcada en el movimiento conductista posterior a los años cuarenta. No es sino hasta 1969 cuando Schoenfeld publica en el Journal of the Experimental Analysis of Behavior su J. R. Kantor's Objective Psychology of Grammar and Psychology and Logic: a retrospective appreciation, que Kantor vuelve a ser citado en la literatura especializada.

Varias razones pueden dar cuenta del silencio sobre Kantor por casi tres décadas y el resurgimiento del interés por sus aportaciones. En primer lugar, Kantor nunca intentó formar una escuela de pensamiento particular o proponer una manera única de abordar el estudio experimental de lo psicológico. Nada sería más ajeno a su planteamiento sobre la naturaleza de la ciencia en general y de la psicología en particular. Concomitante a esto, destaca la atmósfera pragmática y empiricista de la comunidad científica anglosajona de este siglo. Bajo la convicción de que la ciencia constituye un proceso de acumulación de datos "verdaderos" o "fiables", se soslayó toda propuesta teórica que no fuera directamente traducible a operaciones experimentales y/o prácticas. Kantor formuló un metasistema para la psicología. Nada más contradictorio a su esfuerzo sería el que hubiera propuesto "la manera" de hacerlo "práctico". Como Schoenfeld (1969) lo subraya en su retrospectiva: "el lector... queda nuevamente con un sentimiento de 'a dónde voy desde aquí'. Otra vez el resultado ha sido que se juzga que el pensamiento de Kantor es improductivo, cuando es el nuestro propio el que ha mostrado pocos recursos" (p. 334).

¿Por qué se le vuelve entonces a considerar en los últimos quince años? Aparte de la influencia de S.W. Bijou (manifiesta en R. Wahler y D. Baer entre otros) al introducir de manera sistemática el concepto de factor disposicional en el análisis de la conducta, y de la brillante valoración que hace Schoenfeld de dos de las obras más sustanciales de Kantor, pienso que el propio estado de la teoría de la conducta a finales de los sesenta procuró la condición crítka. Sin lugar a dudas, a pesar del espíritu "religioso" prevaleciente hasta 1970 respecto a la capacidad de la teoría del condicionamiento para dar respuesta final a los problemas que plantea el conocimiento de la conducta, se ha comenzado a perder la fe ciega en que sea suficiente analizar las contingencias de "reforzamiento" para abordar el comportamiento animal y humano. Las numerosas anomalías, contradicciones, paradojas y casos particulares que han surgido en la literatura, así como la evidencia de que con un conjunto reducido de categorías (Michael, 1982) es difícil analizar la complejidad del comportamiento humano, e incluso a la conducta animal, ha favorecido que algunos dirijan nuevamente su atención hacia las propuestas de Kantor, así como otros han vuelto la mirada a modelos biológicos y económicos confiando en que estas disciplinas procuren las soluciones buscadas. En este mismo contexto, ha resurgido el mentalismo en la forma de incursiones teóricas a la cognición animal y humana (Mahoney, 1974; Shimp, 1976). Este surgimiento del mentalismo justifica la preocupación vigilante de Kantor por la presencia del dualismo como una tradición permanente de pensamiento en la ciencia de occidente. No es de extrañar, sin embargo, que la revaloración de la obra de Kantor no sea fácil de transformarse en una estrategia sistemática para abordar, de modo nuevo, viejos problemas. Parte implica reconocer que los problemas no estan "ahí", sino que son, en gran medida, producto de nuestra interacción conceptual con los eventos. Parte consiste en reconocer que Kantor propuso formas generales de análisis, y que, de ninguna manera proporcionó o intentó dar una explicación terminada de las diversas interrogantes del conocimiento psicológico. Provenimos de una tradición en que los problemas son ?esueltos mediante su interpretación más o menos sistemática en términos de estímulos discriminativos, clases de respuestas y reforzadores. Por ello requerimos ahora de un largo proceso de flexibilización conceptual y de ubicación correcta del valor real de los datos y aplicaciones, antes de ubicamos en un marco de referencia conceptual abierto que hace hincapié en en análisis de la especificidad de los eventos y la enorme complejidad, a la vez, de los fenómenos del comportamiento.

¿Cuáles fueron las aportaciones fundamentales de Kantor para la consolidación de una ciencia de lo psicológico? Indudablemente fueron múltiples. Mencionaremos algunas de ellas.

Como heredero directo de la tradición aristotélica de pensamientó, Kantor nos enseñó a ubicar los problemas conceptuales de la psicología en el marco de su desenvolvimiento histórico. Los problemas de la teoría y la investigación no son meras instancias de aplicación de una metodología formal sino que, al contrario, son siempre la resultante de un proceso histórico en el que los factores culturales y sociales de la época contextualizan la forma de abordar una disciplina. Volver a Aristóteles y su obra científica (la Physica, el De Anima, los Parvus Naturalia) nos revela lo que Kantor entiende por un enfoque naturalista de la ciencia. No se trata obviamente de una concepción positivista estrecha, sino el considerar que los eventos y el acto de conocimiento mismo son en sí formas de interacción específicas que obedecen a condiciones históricas y situacionales particulares. Releer en especial De Anima, nos ubica frente al frescor y a la módemidad actuales del pensamiento aristotélico. El alma aristotélica es el antecedente necesario del concepto de interconducta el cual por cierto, como lo señala Schoenfeld, fue usado por Kantor por vez primera en su Objective Psychology of Grammar (p. 178), y después apareció como categoría destacada en su Psychology and Logic vol. 1) en 1945. El alma aristotélica no se concibe como uná substancia o esencia distinta e independiente del cuerpo de los seres vivos --aquellos que se nutren, crecen y corrompen. El alma para Aristóteles es la funcionalidad intrínseca a las formas de los organismos, o como él lo dice, es la potencia en acto de un cuerpo que tiene vida. No hay alma fuera ni dentro del cuerpo. El alma no es más que la posibilidad realizada (potencia) de actuar de un cuerpo vivo. El alma es por tanto función interactiva pues la potencia no se manifiesta más que como acto frente á otros cuerpos.

El pensamiento trascendental cristiano y occidental separó al mundo de las formas del mundo de los cuerpos y los eventos, y al reificar su existencia separada, sustantivó al alma como una entidad autónoma y supraordinada al cuerpo. La substancialización del alma por Agustin de Hipona, Plotino y Tomás de Aquino, culminó en el pensamiento interaccionista cartesiano y el paralelismo de Leibnitz, que fundamentaron la psicología como la disciplina encargada del estudio de estas relaciones. El seguimiento histórico del problema en Kantor es indispensable para comprender las razones que subyacen al dualismo y su incompatibilidad con una ciencia genuina de la psicología.

Otros aspectos destacan en Kantor como consecuencia de su postura antidualista históricamente fundamentada. Uno de ellos, central a gran número de problemas teóricos sobre el comportamiento, es la delimitación de las relaciones que guarda la psicología con la ciencia biológica y la ciencia social. La primera distinción pertinente es la que da entre conducta biológica y conducta psicológica o interconducta. La interconducta es interacción, y por consiguiente incluye una relación entre eventos de estímulos y conducta del organismo. La interconducta es una función' estímulo-respuesta y comprende tanto a los objetos de estímulo como al organismo que interactúa. La conducta biológica es la acción del organismo tal como se integra en sistemas reactivos de distinta molaridad, de acuerdo a las condiciones' específicas de estímulo. El estudio de la conducta psicológica no puede limitarse a la conducta del organismo, a su dimensión organocéntrica, pues ésta es puramente cónducta biológica. Como componente de la interconducta participa en ella y es condición necesaria, pero la dimensión psicológica implica la especificidad de las condiciones y de los eventos con que dicha conducta entra en contacto funcional. El conocimiento de los procesos biológicos vinculados a la acción del organismo, aún cuando importante en la dilucidación de los factores que participan en uná interacción, no son causales del comportamiento psicológico. Son componente's reactivos 'de la conducta psicológica.

He ahí un argumeñto que plantea tres objeciones automáticamente a muchas de las tendencias todavía vigentes en la teorización psicológica: a) las explicaciones de lo biológico y sus categorías no son suficientes para comprender la cónducta psicológica; b) las funciónes psicológicas son interacciones y por consiguiente no son identificables con ocurrencias o estados internos del organismo; y, c) las funciones psicológicas en la medida en que son interacciones entre el organismo y los objetos y eventos de estímulo no pueden ser concebidas, reductivamente, como funciones del sistema nervioso o cualesquier otro proceso' del organismo.

La interconducta en el ser humano incluye, por definición, no sólo a los objetos y eventos físicos sino también a los productos y prácticas culturales. No 'es de incumbencia directa de la psicología explicar el, origen, procesos y caracten'sticas de dichas prácticas y objetos culturales, pero si lo' es analizar las f~rmas particulares de interacción de las que dichas prácticas y objetos culturales se constituyen en condiciones específicas. No hay espíritus ni esencias trascendentes que distingan al hombre de los animales. Sólo destaca su especificidad como un ser cultural que interactúa con otros y sus productos en términos de las propias formas reactivas y funciones que la condición social impone. No sólo eso. El ser humano puede, y lo hace permanentemente, interactuar consigo mismo, es decir, puede autorrelacionarse funcionalmente en razón de las características reactivas distintivas que la cultura humana le otorgan: el lenguaje y el discurso.

El lenguaje es central en 'los escritos de Kantor, no sólo como forma de interconducta particular al hombre, sino para distinguir a los productos simbólicos muertos de la interconducta como proceso vivo, genuinamente funcional. Los productos de la interconducta adquieren una existencia formal, vbgr., la lógica, la matemática, etc., pero ni son idénticos al proceso intercondúctual que los originó como evento, ni constituyen tampoco los marcos de referencia para explicar dicha interconducta, y mucho menos asumir que ella es puramente un epifenómeno individual de estructuras "cognoscitivas" que así se "expresan". Esta posición se evidencia no sólo en el tratamiento que hace del lenguaje como interconducta y su distinción respecto abs productos linguisticos y las normas o reglas gramaticales, sino que también se manifiesta en la crítica que hace a la epistemología formalista que asigna a la lógica la "posesión" de los procesos del pensamiento en formas de reglas o categorías inmanentes. En Psychology and Logíc, The Logíc of Modern Scíence e Interbehavioral Philosophy aborda los problemas de construcción teórica y de la lógica como interconducta, rechazando toda estructura conceptual ideal reguladora del pensar, que no sea producto de relaciones específicas entre el individuo y los objetos naturales y simbólicos en condiciones particulares. Desde otra perspectiva, en Kantor se encuentran muchas de las innovaciones propuestas posteriormente por Ryle (1949), Popper (1970) y Kuhn (1979) en relación a las diferencias entre el conocer y las descripciones y enunciados del acto de conocimiento, así como entre el proceso de conocer, describir y teorizar y las formas de exposición de los productos de dicho proceso.

Finalmente, no puede dejarse de mencionar su insistencia para que se abandonen los análisis causales mecanicistas, que plantean la necesidad de explicar la conducta o acción del organismo como función de otras variables precedentes inmediatas--sean internas o externas. Su concepción de la interconducta como un campo no tenía nada ver que con los modelos de campo importados de la Topología o el Electromagnetismo. Un campo interconductual era concebido como un sistema complejo de interdependencias en el que se daba una interconducta (acción y objeto conjuntos) bajo el contexto de factores de la situación externa, del propio organismo y la historia interactiva con que se iniciaba la relación. No es cambiar un modelo explicativo unicausal por otro multicausal, sino, señalar, primero, que la conducta no es el efecto a explicar, sino que la interconducta como proceso se explica en la medida en que se describe en las condiciones situacionales e históricas en que tiene lugar, y segundo, que la interacción misma no es causal ni causada, sino que depende de múltiples factores pertinentes al organismo, al medio de contacto y a los objetos y eventos de estímulo. Los factores disposicionales facilitan e interfieren la interacción, no la causan. Son factores que tienen que ver con tendencuzs de interacción y no con causas. Obviamente este abordaje analítico no sólo hace énfasis en la complejidad de toda interconducta, sino que se contrapone a las formas analíticas dominantes en términos de causación mecánica por factores contiguos en tiempo y espacio--directos o mediados--que actúan linealmente sobre la acción del organismo. Nada más fuera de lugar, por consiguiente, que atribuir a Kantor, como algunos lo hacen, alguna forma de ambientalismo o pragmatismo.

Kantor fue un agudo observador y protagonista de la evolución de la psicología, de su penetración permanente por nuevas formas disfrazadas de dualismo y trascendentalismo, de la pervivencia de viejas tradiciones de pensamiento antinaturalista bajo el ropaje de modernas técnicas de cuantificación y de sofisticados modelos y aparataje instrumental. Fue una conciencia vigilante de la psicología, en la medida en que haciendo a un lado la apariencia cientificista superficial de las nuevas proposiciones, denunciaba su compromiso con premisas dualistas que, en última instancia, se convertían en obstáculos reales para la consolidación de una psicología científica genuina, complementaria del conocimiento de las otras disciplinas científicas ya cimentadas.

No es de extrañar que lo último que escribiera antes de morir, y que fue encontrado en una hoja sobre su escritorio, reflejara esta extraordinaria pasión por la construcción de un'a psicología científica: "Ningún espíritu, espectro, duende, noumeno, superstición, trascendentalismo, misticismo, vínculo invisible, creador supremo, ángel, demonio".


REFERENCIAS

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